miércoles, 2 de julio de 2014

Capítulo 41 - Valonia a piñón fijo

Nadie dijo que fuera fácil. . .
Ya tenía la bici:
-  Uy que bonica que ha quedado. . .
Y ahora, qué? pues habrá que probarla, claro está, nadie pasa horas, días, semanas y meses poniendo algo así a punto para dar un paseo por el barrio, así que fin de semana largo, bici al hombro, mochila rápida, tren y. . . al sur!! Ese era el plan.
Siempre me ha gustado ese halo del ciclismo clásico, el de las horas y horas encima de la bici, sufriendo, con todas las de fracasar y en busca de la gloria, de ciclistas que nunca ganarán una grande pero serán los reyes del pave en las clásicas de las dos ruedas, y eso es lo que quería probar, el ciclismo de sangre, sudor y lágrimas, y la gloria.

La idea?    Groningen-Maastrich en tren y cruzar la frontera para un pequeño Tour por Bélgica: Lieja, Durbuy, Namur, Dinant, Charleroi y Thuin.
El primer día en tren fue algo largo, pero llegar y dormir también ayudó, fundamental hacer una mochila pequeña, fácil de dejar en una cabina de la estación (aún siendo pequeña, a día de hoy quitaría la mitad de las cosas, pero bueno) La llegada a Lieja me sorprendió por varias cosas, la primera su increíble estación de tren, la segunda. . . que seguramente la estación de tren haya sido un regalo del gobierno a semejante caos de ciudad, sin sentido tras sin sentido, barrios obreros sin ningún futuro, ni plazas, ni ambiente, ni nada de nada, una ciudad industrial entre los viene y va de los camiones provenientes de las canteras junto al río Mosa y las factorías de la zona. Nada que remarcar a excepción de la colina de Cointe (famosa por su observatorio y la maravillosa cúpula de su basílica) y el puente de Fragnée. Pero bueno, Lieja no era el destino si no el punto de partida, y el punto de llegada no era el objetivo, si no el viaje en si.
Salir de Lieja fue un auténtico infierno, calculé bien con una hora para salir de la ciudad, entre dar una vuelta, echar un ojo aquí y allá, encontrar la salida y. . . carretera a Durbuy, pero el pave típico de la zona y el laberinto de direcciones casi me vuelve loco, aún así lo conseguí y me puse en ruta, comenzaba el reto del primer día, llevar al límite esa piñón fijo, que me había construido, en el infierno de las clásicas (La zona de Bastogne y Valonia, cabalgar por su arisco pavimento y discurrir a las orillas del río donde un día la Easy Company osó adentrarse camino de las Ardenas en busca de la gloria por aquel año de 1944), un lujo de recorrido para los sentidos, un sufrimiento para las piernas, a piñón fijo más de cien Km en esta primera etapa.
El camino fue arduo y duro, muy duro, lleno de repechos y con unos 33 grados que no me abandonaron durante toda la jornada, haciendo que la hidratación llegase a convertirse en un problema en algunos puntos, pero los paisajes, el día, el esfuerzo del camino y el éxito final bien valió la pena, y perdida entre los acantilados llegué a Durbuy, pena de Villa medieval llena de turistas de sábado, pero gloria de medio día para quien llega exhausto a su mitad de camino, pues aún quedaba la vuelta, llena de peculiares postales del interior de Belgíca. No fue realmente bienvenido el regreso, pero había que volver y las fuerzas repuestas con un puré de espárragos de la zona y una buena trucha hicieron maravillas para el regreso, estación de tren de Lieja y tren a Namur, para hacer noche y continuar el viaje.
El segundo día y de buena mañana, subí a la ciudadela de Namur desde la que se puede observar este bonito pueblo a orillas del Mosa, 3Km de subida para calentar, una buena vista y carretera a Dinant a orillas del famoso río Belga. Namur, más que recomendable, tranquila a primera hora de domingo, pero con movimiento afable de negocios, bares montando terrazas, campanas de misa y gente a la puerta de las iglesias con estampas dignas de postguerra entre las callejuelas sombreadas de su casco antiguo tan característico.
La subida a la ciudadela en bicicleta tiene su encanto, serpenteando la colina y ganando horizonte al paisaje hasta divisar por completo la región, la inclinación de la carretera y sus adoquines ya no hacen tanta gracia, pero en ellos está también ese encanto del ciclismo Belga, La Flecha Valona, La Lieege-Bastogne-Liege. . . una gozada de sufrimiento, si haces lo que te gusta.

El recorrido más amable que el día anterior, etapa llana sólo empañada por la tormenta de mañana que dio paso a un día de enorme calor, pero 65Km aprox. sin mayor problema, disfrutando del paisaje y rodar fluido, hasta llegar a Dinant, bonito pueblo enclavado al pie de su fortaleza sobre el acantilado, aunque lo mejor de esta etapa fue el camino a la orilla del río, brisa justa en un día de calor que hizo el día más amable.
El tercer día tuvo que ser postpuesto, amenazas de gran tormenta en Charleroi me hicieron ser cauto, pues la tormenta mañanera del segundo día me hizo ver lo duro que puede ser un día duro en la carretera si no se tiene la experiencia suficiente, no siendo aún un rodador experimentado, mejor una retirada a tiempo dejando intactas las ganas de volver a estos parajes tan ariscos, y con la satisfacción de haber superado dos días realmente duros a lomos de una piñón fijo.
Solo contra el tiempo y la distancia, donde mis piernas son mis marchas, en cada risco, en cada pedalada, en cada respiro y sin abandono.

viernes, 4 de abril de 2014

Capítulo 40 - Al mercado

Una de las mejores cosas que se puede encontrar en esta ciudad en la que vivo, es el mercado.

Presidida por la estatua de Mercurio, dios de los mercaderes, se encuetra la plaza del mercado, donde Martes, Jueves y Sábado, los puestos de auténticos productos del mar y el campo pueblan el pave de Grote Mark. 
Es un lujo visitarlo de mañana temprano, cuando los puestos empiezan a montarse y ves el movimiento de mercancías y el buen ambiente entre mercaderes; que seguramente en algún momento de la historia dio paso a discusiones enfurecidas, al más puro estilo Asterix y Obelix con el pescadero atizando mero en mano al carnicero, pero que a estas horas de la mañana parece tan perfecto.
Acercarme en bici y poder ir degustando de puesto en puesto algún que otro queso es un lujo que merece la pena disfrutar, así como ir investigando cual será la innovación de cada día para hacer un plato nuevo.

Los puestos de queso, son la joya de la corona de este mercado con sabor añejo, pero el de pasta fresca y hongos son mis favoritos. Seguramente la pescaderia sea también excelente, pero ahí tiene que competir con los frutos del mar de las Rias Gallegas, donde se convierte en un rival menor sin ninguna posibilidad de convencerme más allá del salmón.

Y a pesar de que la fruta haya recorrido kilómetros hasta llegar al mercado de una tierra necesitada de sol para estos bienes, el precio de las fresas invita a no dejar escapar medio kg de ellas. Pero habrá que buscar comida a este postre, no?

Esta vez un par de raciones de raviolis frescos de truffa negra creo que serán una buena elección, acompañados de un surtido de setas a la plancha y hongo cooral rayado sobre el plato caliente a modo de queso rayado, un plato digno de estrella michelín.

Y las fresas con nata y un poco de canela del puesto más cuidado, el de las siempre valiosas especias, perfecto!!
Pero como escapar al producto estrella. . ., habrá que hacerse con un buen queso de granja, casero, para ir provando algo nuevo como cada fin de semana dejando recomendarme por el quesero y un buen pan, que sólo se encuentra en el mercado en este país, hacen la compra perfecta.


 

Visita corta pero estimualnte para los cinco sentidos, la vuelta cargado a casa en la bici y sin cesta ya no es tan bonita, jaja!!

domingo, 23 de febrero de 2014

Capítulo 39 - Rembrandt Parte II

Fin. Bueno, o casi.
Después de meses de vueltas y vueltas, color, pulidos, reciclajes (no los mejores. . .) y demás, aquí está!!
Aquella Batavus Champion de los 80's que recogí más que oxidada por verano ha vuelto a renacer finalmente, para volver a rodar entre canales.
Conservando su estilo de la vieja escuela, manteniendo toda la estructura metálica del viejo cuadro, y sus características manetas, no podía haber otra forma de mantener el estilo que poniendo una auténtica cinta de cuero en el manillar.
El contraste quedó perfecto, mejor de lo que esperaba incluso.
Como el capricho del sillín, edición limitada, de Brooks, esperando ser catado en largas distancias.
Y como en su día comenté, mi homenaje a Rembrandt, maestro de las luces y sombras, que he dejado que firme esta bici, con su característica firma.
El estilo, creo que al final ha conseguido reflejar el aire realmente Holandés y parece que al menos combina perfectamente con la arquitectura de Groningen.
La verdad es que no tengo mucho más que decir sobre el trabajo, habla por si solo.
Solamente le falta poner los clips de los pedales, envío especial de los amigos de Fixed&Single Pontevedra, (que se olvidaron de un par de pegatinas para la bici, por cierto) una delicia de creación casera, auténtico producto de la tienda de confianza.
Como último sólo queda una pequeña mejora en un par de restos que reciclé en demasía, como son las cubiertas, que no creo que sobreviven a muchos Km más. Y el freno trasero, que mejor no enseñarlo, porque menuda ocurrencia, jaja!! Eso sí, baratito también fue.
Ya vendrán los viajes los fines de semana y más de una historia, de momento muy orgulloso del trabajo realizado que aquí os dejo y con ganas de siguientes retos y proyectos ;)
Gracias a los colegas de Sir Pete, que tanto han hecho por estas ruedas y a Fixed&Single Pontevedra que tanto me han metido esta droga en las venas y me han llevado a un camino de perdición, jaja!!
http://www.fixedandsingle.com/
http://www.sir-pete.com/

"La vida es demasiado corta como para montar en bicis de mierda"

viernes, 14 de febrero de 2014

Capítulo 38 - Suecia, el lugar donde volver.

Este post será corto, no hay mucho que decir, si no que descubrir.
Hace poco vi un anuncio en la televisión sueca, cuyo final simplemente decía “Quiero vivir, quiero morir en Suecia”


Nada más allá de la realidad, mi experiencia durante tres semanas en Suecia ha sido uno de los mejores momento del año, cierto que aún estamos en febrero, pero los diez meses restantes tienen una tarea difícil, si quieren superar esto.

Viaje a Suecia a mediados de Enero con la misión de instalar y hacer funcionar la primera planta de optimización de biogás de nuestra empresa en este país, pero conocedor de que el fin de semana podría disponer de algo de tiempo para cumplir ciertas promesas.
Durante el curso 2011-12, pase mi etapa Sudamericana entre el amor y el odio a la ciudad de Buenos Aires, donde este blog echó a andar. De la mano de personas increíbles, conseguimos sobrevivir a situaciones rocambolescas con el agua al cuello, y de la única forma que se podía salir de allí era escaldado, o con una de las experiencias más revitalizadoras que uno puede tener, y con amig@s geniales, a algunos de ellos les hice una promesa, volver a vernos aunque fuese en el fin del mundo, porque tras aquel año una parte de mí también son ellos, de las más importantes estaban en Suecia. Y aunque hubiera tenido que recorrer las llanuras nevadas de Herrljunga a pie, habría removido cielo y tierra por estar con ellas en Estocolmo. Horas de tren tras una dura semana de trabajo y reunirnos de nuevo en el Hall de la Estación de tren de Estocolmo hasta escuchar a mi espalda...
-Cheeee, BOLUDO!!!!!!
No hacía falta al volver a vernos ni decir:
-Cuánto te he echado de menos?  Qué es de tu vida? Qué te han traído por Navidad?
Simplemente ver que todo sigue igual es suficiente, mientras hablamos de lo que sea entre el frio del Mar Báltico, y con sólo volver a vernos, darnos cuenta que seguimos teniendo la misma confianza que dejamos en la ciudad Porteña, y que por mucho que pasen los años el chaos de Argentina tuvo su recompensa, pues se hacen muchos amigos en la vida, pero sólo con unos pocos llegarías al fin del mundo, porque sabes que cuando todo está perdido, esta todo por ganar. Y en mi lista de gente con quienes ir al fin del mundo, siempre estaría Suecia. No sé si es el frío, sus ojos o sus melenas vikingas, lo que les da esa forma de ser tan fieles y honestos; pero su forma de ver la vida y el mundo me fascina y cada vez más. Y es genial descubrirlo en una buena cena y una copa, o una tras otra.
Podría enumerar mil cosas buenas que me aportaron en este viaje, y por las que recomendaría poner un poco de Suecia en la vida de cada uno, pero eso no sería sueco, así que simplemente decir que todos deberíamos poner algo de Suecia en nuestras vidas, para saber disfrutar mejor de la vida, los amig@s y los valores que no deberían perderse nunca, es lo mejor que puedo decir.
Porque no vengo de allí, quizás no sería mi lugar donde morir, pero si mi lugar donde volver.